Hace una década se aprobó el tratado que prohibía el uso, fabricación, venta y almacenamiento de minas antipersonales. Ahora, el nuevo reto de las organizaciones humanitarias se centra en concienciar a la comunidad internacional de la clara violación del derecho que supone la utilización de las bombas de racimo. Máxime cuando parece demostrado que el 98% de sus víctimas son civiles, especialmente niños, que se sienten atraídos por sus colores brillantes y sus formas similares a las de un juguete.
Con este fin, Greenpeace y la Coalición contra las Bombas de Racimo de Barcelona (CMC) han propiciado una campaña en la que exigen al Gobierno español la prohibición total de este tipo de armamento. A esta petición se ha unido un coro de voces de más de cien personalidades del mundo de la cultura, el arte, la ciencia y el espectáculo que han suscrito un manifiesto con esta reivindicación como fondo. Entre los numerosos firmantes figuran escritores como Maruja Torres, Manuel Rivas o Rosa Regás; personajes del mundo de la música como Alejandro Sanz, Nacho Cano o Sara Baras; actores como Imanol Arias, Jordi Rebellón y Carmelo Gómez; periodistas como Iñaki Gabilondo y Felipe Sahagún, así como el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.
Las bombas de racimo consisten en una bomba contenedor que al abrirse en el aire dispersa entre decenas y cientos de submuniciones. Son armas que tienen un efecto indiscriminado, pues no distinguen entre los blancos civiles y militares. Esto las hace especialmente peligrosas cuando se usan en los conflictos armados actuales, que se libran en prácticamente todos los casos en zonas habitadas y, en ocasiones, en zonas urbanas.
Pero es que, además del efecto que tienen durante los bombardeos, una parte de las submuniciones no explotan y quedan esparcidas por amplios territorios, actuando como minas antipersonales y matando y mutilando a personas muchos años después de que un conflicto haya terminado.
El próximo lunes, 19 de mayo, arranca en Dublín la Conferencia Diplomática sobre bombas de racimo, del que debería salir un texto que prohibiere este tipo de armas. Unos 70 gobiernos ya han confirmado su asistencia, entre ellos el español.









